Un gran número de los denominados grandes eventos, que van desde la Convención Nacional Republicana en Filadelfia (Pennsylvania) o los Juegos Olímpicos en Sydney (Australia), hasta la Conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle (Washington) o el Concierto de Pearl Jam en el Festival Roskilde en Dinamarca, han atraído una considerable atención hacia el campo de la seguridad en acontecimientos importantes. La atención, tanto positiva como negativa, se ha centrado fundamentalmente en el desarrollo e implementación de planes de contingencia y controles adecuados para multitudes.

Mientras nadie se permite el lujo dudoso de participar o coordinar la seguridad para estas tareas de tipo masivo, el éxito o fracaso de las estrategias de seguridad realizadas por la sociedad -quien patrocina eventos de caridad o recepciones para VIPs- puede alcanzar consecuencias tan graves como las que se asocian a los eventos prestigiosos. Por tanto, planear y coordinar son las llaves para conseguir con éxito un evento agradable y seguro, indiferentemente a su magnitud.

La preocupación por la seguridad debería ser uno de los temas y cuestiones fundamentales que han de considerarse durante las etapas más iniciales de la planificación de un evento. Para los acontecimientos pequeños, la seguridad necesita ser tan simple como arreglar documentos con el proveedor de seguridad. En cambio, en eventos mas grandes o complejos, con frecuencia se requiere el apoyo de un profesional de seguridad, que consulte con el comité de la planificación, el coordinador u otros miembros de la plantilla. Un “planning” adecuado y en el plazo justo facilita la reducción del gasto en seguridad: proporciona tiempo suficiente para desarrollar una idea concreta acerca de las medidas necesarias, perfila una demanda comprensible para las ofertas o acorta las propuestas o mantiene los tiempos de primacía adecuados con el fin de que los contratistas respondan y se organicen.

La valoración de la amenaza

El primer paso para organizar un plan de seguridad es la valoración de la amenaza. Debe ser un análisis objetivo de la totalidad de las circunstancias que rodeen al evento, incluidos el asesoramiento general del lugar y la acción específica del mismo. Hay que determinar si hay alguna amenaza intrínseca en el lugar, como por ejemplo actividad criminal (especialmente la que ya ha ocurrido en eventos similares), disturbios civiles e, incluso, se deben prever las condiciones atmosféricas y sus efectos.

El que en el lugar llueva de forma intensa es un factor que puede repercutir en la duración del evento. Los disturbios civiles son a veces pensados y planeados precisamente en conexión con algún evento patrocinado, apoyado u organizado por personalidades políticas (como pasó en el concierto de Roskilde -en Dinamarca- o las tragedias de los Estadios de Heysel y Hillsborough -en Bélgica e Inglaterra respectivamente- en las se perdieron muchas vidas) Todo esto le ha añadido una gran importancia a la necesidad de obtener un control de masas adecuado y un plan de responsabilidades, sin tener en cuenta la naturaleza del evento. Otros factores que deben ser tenidos en cuenta incluyen la amenaza o el riesgo asociado con la persona, personas o corporación que organizan el evento, así como con las personas que asisten a él.

Considerando ambas amenazas (intrínsecas o eventuales), es posible que un gran evento pueda convertir una amenaza benigna en un riesgo inminente. Dado los distintos niveles en las obligaciones asociadas a este tipo de acontecimientos, la cuestión de responsabilidad médica disponible le agrega aún más importancia.

Información y Análisis Inteligente

Al tiempo que se lleva a cabo el asesoramiento inicial, hay que trabajar con la información recogida y realizar el análisis inteligente correspondiente. Es en este punto donde se enmarca la diferencia entre seguridad pro-activa y la tradicional (la seguridad operacional reactiva) Una vez que se identifican y categorizan las posibles amenazas, tanto por su gravedad como por la probabilidad de que ocurran, hay que tratar la información sobre los posibles riesgos, teniendo en cuenta los recursos que prevalecen y el constreñimiento del tiempo. La información útil es muy variada, desde actividades previas o acciones de identificación de la figura clave en el grupo, como la actividad y/o soporte pasivo ofrecido por la comunidad local a cualquier individuo o grupo que pueda constituir un blanco al que dirigir las miras. Una vez recopilada toda la información, debe ser verificada con fuentes diversas, analizada con exactitud y evaluada en función de su relevancia.

Se puede discernir un severo contraste entre la Conferencia de OMC (Seattle) y la Convención Nacional Republicana (Filadelfia) en relación con la recogida, el análisis y la aplicación de una inteligencia medida al milímetro. En ambos acontecimientos, los grupos confiaron seriamente en Internet como un medio de comunicación de masas. Previo a estos eventos, numerosos grupos dejaron conocer sus intenciones para los días y lugares posteriores, con el fin de romper las estrategias y tácticas de posibles atacantes. A pesar de formar grupos de forma anárquica, sus estrategias les han convertido en blancos primarios para una intervención proactiva. A pesar de la gran cantidad de fuentes de información acerca de la planeadísima represión criminal en Seattle, la policía local expresó públicamente su sorpresa ante el gran número de manifestantes contra la violencia.

Sin embargo, en Filadelfia se aprendió de la dura lección del incidente en Seattle y la policía desarrolló “la inteligencia en profundidad”, que se puso al día de forma permanente y siempre que fue posible trataron de entredecir los intentos de los grupos centrales de estropear el evento.

La valoración de la amenaza y el análisis de inteligencia marcan el núcleo del plan de seguridad global y, como fue demostrado con el éxito logrado en Filadelfia, la inteligencia debe ser recogida y diseminada en una base continuada. Estas medidas se aplican tanto a eventos de corta duración, como a aquellos que tienen lugar en un largo período de tiempo. Si no se mantiene este proceso vital es probable que haya que enfrentarse a situaciones tremendamente difíciles de contener una vez provocadas, instigadas o iniciadas, y que pueden servir como base para los momentos más trágicos.

La difusión de información no debe estar limitada solamente al personal de seguridad. En la práctica, en muchos de los eventos los empleados de seguridad están escasamente respaldados por la ayuda del resto. Por ejemplo, un evento que ofrece acceso sólo con la presentación de un ticket puede ser propenso a la explotación, sobre todo, con el uso de tickets falsos. Los taquilleros deben ser formados en aspectos como la detección de tickets no válidos, y el supervisor o responsable de seguridad debería tener asignada la responsabilidad de cubrir varios de los puntos de venta de entradas para verificar las falsificaciones. No está de más decir que cada miembro del personal del evento, o incluso cada guardia uniformado o vestido de paisano, necesita conocimiento de la tarea de los compañeros. Por supuesto, los miembros del “staff”, incluyendo el personal de seguridad, deben estar informados en los temas que se aplican directamente en sus tareas o que puedan impartir en su trabajo.

Hacerlo de otra manera, es, por otra parte, arriesgarse intencional o accidentalmente, induciendo a la sobreinformación o aumentando el riesgo de que la que sea confidencial se desvele y anule el éxito del funcionamiento del plan de seguridad.

Consideraciones a tener en cuenta a la hora de organizar

Al tiempo que se perfila un cuadro claro de las amenazas existentes, de la actividad o las líneas de conducta, es probable que estos riesgos tomen un plan operacional que puede ser formulado para abarcar el control de las masas y las consideraciones civiles como respuesta del disturbio.

La cuantificación de la masa resulta un factor de importancia significativa en el desarrollo de un plan eficaz y, hasta cierto punto, es el que determina la profundidad y el perfil de la fuerza de la seguridad. La disposición general de la gente debe ser también considerada, así como tomar la precaución necesaria al respecto.

Como se remarcó con la tragedia del festival de la música de Roskilde en junio de 2000, donde pisotearon a nueve personas hasta la muerte, cualquier reunión, sin importar el propósito, puede derivar en actos violentos.

A pesar de que la posibilidad de que exista un comportamiento de desorden a gran escala es mayor en multitudes, en eventos donde el potencial de disturbio es relativamente pequeño también se aconseja mantener la atmósfera deseada.

Igual de importante que la formulación del plan de control de masas, la influencia de aspectos sociales y psicológicos en el comportamiento del público es uno de los factores más señalados. Influencias sociales tales como el liderazgo, la uniformidad o la actitud moral, incluso a través de su presencia o ausencia, juegan un papel significativo en la conducta de las masas. Los factores psicológicos que se pueden incluir son imitación, anonimato, contagio emocional y pánico. En teoría el plan de seguridad puede tener un impacto en todos estos factores, pero la realidad muestra que puede que no se cuente ni con recursos ni con tiempo suficiente para desarrollar un plan que tenga en cuenta cada uno de estos factores. Sin embargo, el plan más básico de control de multitudes es y debería ser estructurado con el fin de hacer frente a las mayores influencias de comportamiento de masas, como el liderazgo.

Un agitador bien situado, con dotes naturales de liderazgo, puede girar rápidamente a una multitud frustrada y confundida dentro la masa, sencillamente por ser el primer individuo para dar órdenes de una manera autoritaria. Por tanto, líderes identificados deben ser una prioridad en el proceso de recopilación de inteligencia y el plan de control de masas. Si se reconoce a un agitador antes o durante el evento, pero de forma previa al crecimiento o desarrollo del problema, puede ser beneficioso el hacerle saber que ha sido identificado. De este modo se elimina el factor psicológico del anonimato de la ecuación del liderazgo. Sin embargo, no está de más ser cauteloso y evitar cualquier riesgo. En situación volátiles, algún contacto entre la fuerza de seguridad y los individuos dentro de la multitud puede incitar un problema, más que impedirlo; aspecto que debe ser considerado cuidadosamente con anterioridad.

Manteniendo una férrea presencia en y alrededor del punto de reunión del acontecimiento, la percepción de seguridad es la una autoridad omnipresente, que puede servir para mantener orden e impedir disturbios menores o incluso irrumpir disturbios de gran escala.

Las causas y efectos del contagio emocional y del pánico no sólo deberían ser consideradas en el plan de control de multitudes, sino que también deberían incluirse en la formación del personal de seguridad encargado del control de masas y operaciones de respuesta. El contagio emocional, la transmisión de una emoción colectiva, generalmente cólera y excitación (que crea la unidad en un grupo dado y pánico, frenetismo y respuesta emocional -a menudo irracional- a la percepción del peligro) pueden influir en la multitud y, consecuentemente, en la fuerza de seguridad. El contagio emocional puede actuar como precursor de un desastre potencial que requiera medidas extremas de seguridad. Para reconocer estas influencias peligrosas y minimizar la posibilidad de que estos factores induzcan en el grupo, son necesarias medidas como el entrenamiento de supervisión efectivo o una respuesta inmediata.

Control de masas

Al tiempo que lo mencionado con anterioridad es la clave para un plan de control de masas efectivo, y representa la diferencia entre una mentalidad de seguridad proactiva y una postura reactiva más tradicional, el plan más eficaz es el que elimina o minimiza la posibilidad de que se formen los grupos de colectivos. Los elementos a tener en cuenta para prevenir que ocurran situaciones conflictivas de grupos masivos son, por este orden: flujo, separación y dispersión. La llave para conseguir un control de masas exitoso es mantener un movimiento firme, intencionado y controlado sobre las áreas propensas a tumultos. La forma más simple de asegurar un flujo estable es situar elementos de seguridad (personal eventual o no) en estas áreas conflictivas y proporcionar instrucción verbal y orientación. Se puede apostar por medidas adicionales como claras señales del destino correcto o incluso de vías alternativas. El grado de separación y la disposición de las señales o de las estrategias adoptadas depende de la naturaleza del acontecimiento o la creatividad. En espectáculos deportivos, un medio eficaz para separar grupos rivales es proporcionar incentivos para que se muevan y se sitúen en localidades específicas. Si recurre a promotores u organizadores de eventos, esta medida puede incluso acompañarse con la distinción de localidades donde se ofrece a los fans vestimentas o recuerdos con el logotipo de los equipos. Un beneficio añadido de este plan es que incrementa la visibilidad de los grupos rivales para las fuerzas de seguridad, lo que permite una respuesta más rápida y eficaz a los problemas potenciales que se puedan producir.

La dispersión efectiva conlleva la aplicación estratégica de medidas activas y pasivas, como fue demostrado en el 2000, en la Conferencia Nacional Democrática de Los Ángeles. Las barreras móviles son un tipo de medidas pasivas. Para asegurar que tales medidas permanezcan intactas y efectivas, las barreras deben estar bajo constante vigilancia, incluso a través de la ubicación del personal de seguridad. Las medidas activas de dispersión incluyen prohibición e intervención por parte del personal de seguridad, como en el caso de directivas verbales, puntos de aclaraciones y, en caso extremo, el uso de agentes químicos.

Planes de contingencia

Mientras no haya substituto para un plan apropiado, pueden surgir problemas significativos que no tengan que ver con la naturaleza o densidad de nuestro plan de seguridad. En eventos donde el plan de control de masas ha sido evaluado como inadecuado o, como a veces ocurre, han sido boicoteados por la duración, las circunstancias o disturbios de gran escala, se deberían implantar planes adecuados de contingencia. Planes que deben acompañar a las acciones llevadas a cabo por fuerzas de seguridad, como la disposición y el despliegue de una fuerza de respuesta rápida que, siendo lo mas importante, tiene autoridad para implementar el plan y proveer las líneas básicas. Retrasar la acción positiva varios minutos significa la diferencia entre contener un accidente desafortunado y contener una situación trágica.

Los Planes de Contingencia deberán hacer hincapié en la amenaza existente, los enfoques de dispersión y en la retirada, más que en la confrontación. Otro de los aspectos a tener en cuenta en planes de control de masas, es que los planes de contingencia deben ser inherentemente flexibles. Un elemento crítico de cualquiera de estas medidas es, por ejemplo, el permitir la salida de la multitud. En planes de contingencia y respuesta, las influencias emocionales de contagio y el pánico son dos cuestiones fundamentales. El éxito de un acontecimiento supone la formación apropiada del personal de primera línea y de los supervisores (que se fundamenta en la influencia sobre la multitud y su comportamiento), además, estrategias efectivas y tácticas para el control de masas y, en caso extremo, la respuesta a los disturbios.

Se sube el telón

Con el estudio de la amenaza y el análisis inteligente completados y actualizados de forma continua, los miembros de seguridad y el personal entrenados en sus obligaciones y responsabilidades, y los planes de contingencia finalizados, es el momento de subir el telón. Tan pronto como esto haya ocurrido, es lo más probable surjan los primeros cambios. En cualquier caso, el evento solamente será saboreado después de que el telón haya bajado sin ningún incidente y el último invitado marchado a salvo. Así es como se evalúa el éxito de la seguridad profesional en un evento.

Fuente: la revista Intersec Fecha: Abril de 2001

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