Proteger y salvaguardar la vida e integridad de las personas y sus propiedades, responsabilidad típica de la seguridad, no es una tarea fácil e incluso puede parecer algo imposible de llevar a cabo, en especial cuando aquello que se pretende proteger no sólo no colabora para tal propósito, sino que de alguna manera se convierte en la fuente de sus propios riesgos. Este es precisamente el problema de la seguridad en eventos masivos

En términos generales un evento masivo contempla la permanencia de una multitud dentro un espacio confinado y por un tiempo limitado, con un propósito común que en ocasiones deriva en una alteración emocional, lo que a su vez propicia el abandono de los valores personales y la conciencia individual, por un comportamiento de alguna manera irracional. Estos eventos masivos comprenden una amplia gama de espectáculos desde deportivos, musicales, artísticos, hasta celebraciones particulares.

Por tal motivo los riesgos en un evento masivo no provienen únicamente de las deficiencias de las estructuras en donde se lleva a cabo para facilitar la permanencia o tráfico de las personas, sino también del comportamiento de la multitud presente, ya que, como lo establece el Modelo de Hienrich, sólo el factor humano es quien provoca los actos y condiciones de riesgos que derivan en accidentes y que a su vez generan las lesiones a las personas y los daños a las propiedades.

PROTECCIÓN A PERSONAS Y BIENES

En principio, las medidas y previsiones de seguridad en un evento masivo pretenden proteger a las personas presentes, así como preservar la integridad de las propiedades que son parte y/o se encuentran en el lugar del evento. Para tal propósito se deben contemplar e integrar dos ámbitos: los enfocados a “evitar riesgos” y que corresponden al campo de la seguridad física y protección civil y los orientados a “evitar daños” y que corresponden al campo de la seguridad funcional.

En este contexto, el aspecto de la seguridad física es al que tradicionalmente se la ha dado la mayor atención, pues se le ha atribuido ser, no sin razón, la causa única y directa de algunas tragedias como las siguientes:

  • El 5 de abril de 1902, en el Ibrox Park de Glasgow, Escocia, el hundimiento de una tribuna causa la muerte a 26 personas y deja 587 lesionados.
  • El 9 de Marzo de 1946, en el Urden Park de Bolton, Inglaterra, el sobrecupo ocasionó el hundimiento del estadio con un saldo de 33 muertos y 400 heridos.
  • El 2 de enero de 1971, nuevamente en el Ibrox Park en Glasgow, Escocia, otro hundimiento de una tribuna provoca la muerte a 66 personas y un poco menos de 200 heridos.
  • El 17 de febrero de 1971, en el Cairo, Egipto, el hundimiento de un muro provoca una estampida que causa 49 muertes y deja 47 lesionados.
  • El 11 de mayo de 1985, un incendio en el Estadio de Valley Parade, en Bradford, Inglaterra, provocó la muerte a 56 personas en lo que se conoce como “La Tragedia de Valley Parade”.
  • El 15 de mayo de 1989, en el Estadio de Hillsborough en Sheffield, Inglaterra, el sobreaforo y el pánico provocaron 96 muertes por aplastamiento.
  • El 5 de mayo de 1992, en el Stade Armand Césari, en Furiani, Francia, el hundimiento de una tribuna provoca 17 muertos y deja 2857 lesionados.

EL FACTOR HUMANO

Pero los aspectos estructurales no son el único factor de riesgos para un evento masivo; existen otros que contribuyen al mismo, en particular el comportamiento humano, muestra de lo cual son los siguientes incidentes:

  • El 2 de julio de 1994 al finalizar un partido entre en el estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, en Argentina, se produce el aplastamiento de personas contra la puerta 11, que estaba cerrada, con un saldo de 9 víctimas fatales.
  • El 24 de mayo de 1964, en el estadio Nacional de Lima, Perú, el árbitro anuló un tanto al equipo local lo que provocó la ira del público y se armó una batalla campal en la que murieron 318 personas, al tiempo que 500 quedaron heridas.
  • En 23 de junio de 1968, al finalizar un partido en el estadio Monumental de River en Buenos Aires, la gente no se dio cuenta que una puerta estaba cerrada lo que provocó que 74 personas murieran aplastadas y quedaran 150 lesionadas.
  • El 20 de octubre de 1982, en el estadio Loujniki en Moscú, Rusia, el pánico provocó una desbandada que dejó un número indeterminado de muertos, según cifras oficiales 61 personas muertas, pero una cifra revelada en 1989 habla de algo así como 340 muertos.
  • El 26 de mayo de 1985, durante la final del campeonato de primera división, una pelea a las afueras del estadio de CU en la Ciudad de México, que la policía quiso acabar mediante una cargada, provocó una estampida y la aglomeración de personas en el túnel de acceso número nueve. Esto ocasionó la muerte a 10 personas, entre ellas niños y dejó a 30 heridas.
  • El 29 de mayo de 1985, en el estadio de Haysel en Bruselas, Bélgica, durante la final de la Copa de Europa, la mala organización y el sobrecupo, provocaron una pelea entre los aficionados más radicales de ambos equipos, lo que ocasionó el hundimiento de un muro y una estampida que dejó a 39 muertos y 600 heridos. En este caso catorce hinchas ingleses fueron acusados de homicidio imprudencial.
  • El 16 de octubre de 1996 en el estadio Mateo Flores de la ciudad de Guatemala, en un encuentro entre la selección local y la de Costa Rica durante las eliminatorias para el Mundial de 1998, una estampida deja 84 muertos y 150 heridos.
  • El 11 de abril de 2001, en el estadio Ellis Park de Johannesburgo, Sudáfrica, una avalancha provoca la peor tragedia en el deporte sudafricano, pues provocó la muerte a 43 personas.
  • El 30 de abril del 2001, en el Estadio Lumumbashi en la República Democrática del Congo y en un partido entre los equipos Lupopo contra el Mazembe, una estampida provoca la muerte de siete personas.
  • El 10 de mayo del 2001, en el Estadio de Accra, en Ghana, la ira del público provocó que la policía lanzara gases lacrimógenos a las tribunas. Esto a su vez terminó en una estampida que dejó 124 personas muertas.
  • Más recientemente y trascendiendo el ámbito de los espectáculos deportivos, los casos de la discoteca Lobohombo en octubre del 2000, en el que las deficiencias estructurales prohijadas por la corrupción gubernamental cobró un saldo de 21 vidas, así como de la discoteca New’s Divine en junio de 2008, en el que nuevamente deficiencias estructurales en conjunto con la ineptitud operativa, cobraron la vida de 12 jóvenes. Ambos casos en la ciudad de México.

REGULACIONES

La respuesta ante estos incidentes ha sido el desarrollo de normas para regular los aspectos estructurales de los inmuebles con el propósito de garantizar condiciones seguras para la permanencia de las personas, pero en especial para cuando se requiere evacuarlo en caso de una contingencia catastrófica (incendio, sismo, colapso estructural, etc.), con medidas como el retiro de vallas “protectoras” fijas y su sustitución por otras abatibles, así como directrices más estrictas para el diseño de los estadios.

Este enfoque de seguridad física se orienta a permitir que se realicen eventos masivos sólo en estructuras que proporcionen las facilidades adecuadas para su acceso (entrada y salida) y permanencia en condiciones tales que se exponga a un mínimo de daños, aún en el caso de alguna contingencia de seguridad. El problema es que la gran mayoría de las estructuras no ofrecen las condiciones ideales, ya sea por su antigüedad o porque en su diseño original no se contempló su uso como sede de eventos.

En este ámbito se presenta un problema práctico: en ocasiones muy frecuentes los espectáculos se realizan en espacios no diseñados para tal propósito, con o sin permiso de las autoridades, y por ello no ofrecen las facilidades adecuadas para la permanencia y manejo de multitudes. Este es el caso de eventos que se celebran en patios de escuelas (festivales), áreas comunes de conjuntos residenciales (celebraciones vecinales), parques públicos e incluso en las calles (bailes de barrio y carnavales).

Ante ello se presentan dos opciones para la seguridad: adoptar una posición inflexible de “o cumplen o no se hace”, o buscar la manera de dar un mínimo razonable de medidas y previsiones de protección dentro de las facilidades disponibles. En el primer caso es muy posible que el evento se lleve a cabo a pesar de los riesgos y las consecuencias legales, en ocasiones mediante prácticas de corrupción, mientras que en el segundo se fomenta y estimula el incumplimiento normativo.

MEDIDAS Y PREVISIONES

Por otra parte, también se ha impulsado la aplicación de medidas y previsiones enfocadas a regular y controlar el comportamiento de las multitudes ante los crecientes fenómenos de vandalismo como los “hooligans” y los “skinheads”, mediante procedimientos de restricción más estrictos para el control de acceso (objetos peligrosos), para la permanencia dentro de los inmuebles (conductas de riesgo) y eventualmente para la evacuación de los asistentes en caso de contingencias dentro de los mismos.

Entre estas medidas y previsiones destaca la aplicación de procedimientos más o menos exhaustivos de revisión de paquetes y personas, denegando el ingreso de aquellos objetos con los que se pudieran causar daños, la instalación de sistemas de videovigilancia sobre los asistentes, sistemas para la localización e identificación de alborotadores y el despliegue de personal de seguridad especialmente capacitado para mantener una vigilancia minuciosa sobre la multitud.

Sin embargo, se presenta otro tipo de problema y se refiere a que no importa si la instalación cuenta o no con facilidades estructurales adecuadas para el manejo de multitudes, pues su comportamiento puede rebasar las previsiones y provocar una contingencia que cause lesiones a las personas y/o daños a las propiedades. Dicho comportamiento puede derivar de lo que ocurre en el espectáculo, ya sea una decisión controvertida en un partido, o incluso una franca incitación a la violencia por un artista.

Este escenario extremo es el que exige un esfuerzo que rebasa lo establecido en la ortodoxia de las técnicas y métodos para seguridad, de observar la multitud e ignorar el espectáculo, ya que no sólo se debe estar atento a la multitud, sino también a lo que ocurre en el espectáculo, a fin de anticipar los cambios de conducta que puedan derivar en situaciones de riesgo. Lo anterior requiere algún conocimiento sobre el propio espectáculo, su naturaleza y las condiciones de riesgo que pueden presentarse.

Un aspecto fundamental para estos propósitos, es entender el fenómeno de las multitudes en eventos masivos y su comportamiento, el cual se puede considerar como una manifestación de la “teoría de la convergencia”, esto es, que la multitud es un grupo reunido con las mismas motivaciones y por ende con ciertas expectativas respecto a la causa por la que se juntan, de tal manera que ya está predispuesta para adoptar ciertos patrones de comportamiento asociados a tal causa.

Las multitudes no razonan ni actúan de la misma manera como lo harían a nivel individual. Se escudan en el anonimato colectivo, abandonan la responsabilidad personal y se contagian de las emociones del grupo, el cual toma vida propia, acelera las emociones y conduce a la gente a cometer actos irracionales e incluso violentos. Efecto que se intensifica cuando alguna forma de líderes “aceptados” por la multitud, promueven y estimulan este comportamiento, como es el caso de “porristas” y artistas.

Por ello es conveniente que las medidas y previsiones de seguridad no se limiten a lo que puede hacer el personal dedicado a esta labor, sino que involucren, en mayor o menor grado, a todo el personal de servicio en el evento, tales como los taquilleros, los boleteros, los acomodadores y en particular los vendedores, pues éstos operan con mayor proximidad a la multitud, de tal manera que les sería posible detectar con mayor facilidad posibles focos de conflicto.

ANTICIPARSE A LOS HECHOS

Aunado a lo anterior, un conocimiento previo del espectáculo en sí puede proporcionar ventajas significativas para el personal de seguridad, pues le permitiría anticipar las condiciones en que se puede disparar un comportamiento exacerbado de la multitud.

Conocer los intereses en juego de un encuentro deportivo (un campeonato, un record, un orgullo deportivo), o las rutinas de un artista que confronta a la audiencia, daría la oportunidad de activar las previsiones, antes de que ocurran los riesgos.

En suma, para propósitos de brindar seguridad en eventos masivos es muy importante procurar que éstos se realicen en sitios con las facilidades estructurales y funcionales de norma, adecuadas para la protección de los asistentes. Pero no se debe perder de vista la posibilidad de que los eventos se realicen en condiciones de insuficiencia e incluso carencia de tales condiciones, de tal suerte que será necesario buscar y establecer previsiones plausibles con las facilidades disponibles.

Asimismo, aún al contar con las facilidades estructurales y funcionales pertinentes, el comportamiento de una multitud confinada fuera de control puede fácilmente rebasar las previsiones de tales facilidades, de tal manera que la mejor alternativa de contención es anticipar el surgimiento de conductas de riesgo, a través de una proyección previa de las posibles condiciones de riesgo, así como de una observación cercana de los sitios en que se ubique la mayor probabilidad de ocurrencia de tales condiciones.

SEGURIDAD: ARDUA LABOR

Proporcionar seguridad a eventos masivos es una tarea compleja, que no puede reducirse a la “simplicidad” de exigir el cumplimiento de normas y/o aglutinar fuerza de masas para disuadir y contener a la multitud de un comportamiento desordenado.

Soluciones de fuerza contra fuerza, en que alguien parece ganar pero al final todos pierden. Se requiere de algo más: inteligencia y discernimiento, atributos de lo racional, que siempre han prevalecido sobre la fuerza bruta, condición típica de lo irracional.

Las multitudes en un evento masivo NO son un enemigo al que hay que someter, humillar o destruir, sino una forma de fuerza de la naturaleza, con visos de irracional, a la cual hay que mantener bajo una atenta vigilancia, dejándola correr mientras se mantenga dentro de ciertos cauces, pero pendientes para activar las medidas pertinentes para contenerla y canalizarla antes de que se desborde y amenace con causar daños. Un fenómeno natural, tal vez irracional, al que hay que proteger, incluso de sí mismo.

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